domingo, 10 de abril de 2011

De esto no se suele hablar...

Gracias a un post anterior decido explayarme un poco más en este tema tan vasto y de interés cultural que es la depilación.

En primer lugar, es muy difícil encontrar un lugar donde te depilen BIEN. Hay mucha chanta, mucha berreta y mucha poco dedicada.
La depiladora es un género aparte. Vienen mujeres, hombres, transexuales y depiladoras. Aunque también hay transexuales depiladoras.
Nunca me depiló una travesti, pero no se por qué tengo la leve sospecha de que lo haría muy bien.

La depiladora tiene que ser sensible, escucharte, darte charla es fundamental. Aunque después una según su estado de ánimo decide si continuarla o cesgarla con un "mmhm"

Hay algo que se llama "bombacha de depilación" esa bombacha tiene que cumplir algunos requisitos para ascender (o descender) a esa categoría. La bombacha de depilación no es fea, tiene que ser linda y estar en buen estado porque alguien la va a ver. Tenemos certeza de eso, la señora depiladora va a ver nuestra bombacha de depilación, pero tiene que ser lo suficientemente fea, o al menos no tener ningun compromiso emocional con nosotras para no sufir si le cae un gotón de cera ámbar y la vuelve inutilizable. Son los gajes del oficio y una tiene que estar preparada para eso.

Por otro lado - y esto para mi es un punto fundamental- la depiladora es un lugar para MENTIR. está aprobado y permitido por la sociedad. Una va a depilarse y miente. Generalmente mentimos para arriba. Ellas lo provocan, también, porque siempre necesitan saber el motivo de nuestra depilación y quizás el de su profundidad. "¿te vas de vacaciones?" "¿vas a salir con tu chico?". No, por lo general la verdad es que sé que a la semana siguiente voy a estar menstruando y quiero estar bien preparada, pero siempre le contesto que si. "Sí, las dos cosas, cumplo 10 años de aniversario con mi novio, que es igual a Johnny Depp y nos vamos a la Polinesia a festejar, paga todo él". Te juro que una vez dije eso en un lugar que quedaba lejos de casa y al que sabía que no iba a volver más.

También dije -para justificar la selva con la que había ido- que estuve un mes en europa y me daba miedo probar como era la depilación ahí. Esta fue una de mis mentiras más elaboradas.
Fuí directora creativa de una agencia de publicidad inexistente, fui gerente de programación de un canal de cable, que mi depiladora (cuantas son las probabilidades) veía,  fuí diseñadora de ropa, y me quejé de todo lo habido y por haber.

Es que depilarse, es un momento muy íntimo. Cada depiladora tiene su estilo y su personalidad. Las más destacables son "Tiki" que siempre decía "sacamos un tiki por acá (traaaaá), otro tiki por aca (traaaá), a ver... si, otro tiki, tiki, tiki (TRRAAAAÁ) y listo". Otra, es la que me felicitaba por todo, con cada tirón me decía "muy bien, muy bien" como celebrando que no estuviera llorando, o que no hubiera gritado, pero ¿sabés qué? hacía ambas, por dentro.

La última a la que fuí era un caso muy particular: ambiente muy familiar, con artículos delante de los nombres. A penas empezó a trabajar la percibí como una artista, me contempló, me preguntó que iba a hacerme y después de meditarlo un poco se puso en acción. Cada tirón era como una pincelada, como una pincelada dolorosísima. Una obra de arte que concluyó con un "Lesto, quedó increíble, está para sacarle una foto". Espero recordar en qué le mentí, por que probablemente vuelva, realmente estaba para sacarle una foto.

Las depiladoras son un mundo aparte, nunca discutas, ni te pelees, y si vas a una regularmente, un día llevale un regalo.

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