viernes, 29 de abril de 2011

Y sin embargo...

Yo una vez tuve un jefe con el que ocasionalmente nos volvíamos juntos del trabajo en un taxi que pagaba la empresa.

Realmente lo admiraba mucho, era un tipo muy centrado, muy serio. Era respetado. Siempre admiro a la gente que se hacer respetar con sentido en vez de los que gritan para que los escuchen.

Él hablaba bajito y no le gustaban los errores, tampoco le gustaba que lo tocaran.

Una vez, en uno de esos viajes yo miraba por la ventana, ibamos callados. En ese momento estaba planteando un golpe estratégico en mi carrera, que involcraba hacer cosas que me daban un poco de miedo.

"¿Corrés riesgos?" le pregunté.
Se quedó callado, como sorprendido por mi pregunta. "Si, cuando puedo si".

"Estoy por correr un riesgo" le dije. "Si sale mal me va a afectar mucho".

El viaje siguió y yo le comenté lo que planeaba. Él, conociendo con quién yo tenía que hablar me advirtió que era alguien que no siempre escuchaba y que se adjudicaba la razón aunque no la tuviera.

Hay gente que se adjudica la razón sobre todo cuando no la tiene.
Esa gente me saca, me pone de mal humor. Me complica la vida. Me nubla el juicio.

Me importaba saber como actuaba él en esos casos. "Le doy la razón, pero por lo bajo me digo y sin embargo. todavía gira"

Más adelante,  en una discusión, no hubo Galileo que valga y renunció y a mi que había corrido el riesgo se me abrió la posibilidad de ocupar esa vacante. Me pregunto si en ese momento él habrá recordado nuestra conversación en el taxi.

Obviamente era irremplazable, hice lo mejor que pude.

Nosotros los que siempre tenemos razón chocamos con los que creen que tienen razón y gritan. Este hombre me enseñó a lidar con esas situaciones.
Gracias.

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